14 jun. 2007

Tiempo

Siempre se pasea sin mirar atrás,
tal como sus horas y sus jornadas.
Avanza constante sin dejarse anclar
en el varadero perdido de la nada.

A todos cambia, va alterando el medio.
Aporta saber, la experiencia y vejez.
Es quien se encarga de poner en el sitio
a cualquier alma, a la que da madurez.

Él dicta sentencias perecederas al mundo,
se refleja en todo gesto y apariencias,
se jacta de toda su plausible suficiencia
para sobrevivir a todos con ruidos mudos.

Es omnipontente y de condición etérea,
es también laborioso y de voluntad severa.
Corta a su antojo al reverdecer de hierba
y guarda un suspiro alentador de quiebra.

Tiempo sin relojes, también sin horarios,
anciano tiempo de todos los tiempos.
Viento y calma, temprano y solitario;
llanero que nos sigue marcando momentos.

11 jun. 2007

No queda salida

Despertar
y que te arrope un vendaval,
que no quiera acabar,
que despoje de mi mente tus cenizas.

Desear
que no te pueda olvidar,
que no pueda acabar,
que las piedras de mi fuerte caen vencidas.

Mal! mal me encuentro al soportar,
al tener que mirar,
y convivir con el gris de mis días.

Bien! me encuentro muy bien,
empiezo a comprender,
y a darle sentido a nuestras vidas.

¿Quién despertó sin saber
dónde está la salida?
¿Quién supo de ti después que yo
ya te diera por perdida?

Descubrir que no hay sólo un final,
que si toca abandonar,
nadie sabe dónde está la salida.

Y verás como otros vieron ya,
como me queda por ver,
lo que muestra el final de la vida.

¿Quién sabrá de mí si mi moral
se encuentra perdida?
¿Quién despertará sin saber
que no queda salida?

Cachitos de cristal

Sigo quieto a la atenta mirada;
los ojos mañaneros del placer.
Busco en el suelo trozos de nada,
para reconstruir lo que se hacer.

Ciego aparente, mirada profunda,
sabio ignorante de necio paladar.
Sorbo de siempre de un nunca que inunda,
cachos pequeños; cachitos de cristal.

Te veo, te admiro y te miro.
Te temo, te tengo, te convengo.
Te siento, te entretengo y entiendo.
Me suelto....sin un rumbo fijo.

Es causa del sentir palpitante
la desmesura inherente al amor.
Náusea de sucumbir incipiente
que me condena al sabor del licor.

Zozobras y manantiales en sequía.
Vapores, viejos barrotes de cárcel.
Me pierdo en un afán de tonterías,
y me encadeno a mi propio trance.